miércoles, 2 de diciembre de 2015

Capítulo 30

En algún lugar de la ciudad en esa fría y lluviosa noche.

Acaba de echar el freno de mano pero no ha apagado el motor del coche. Maxxie sale del coche a la misma vez que Carrie para acompañarle hasta la puerta. Zoella desde la ventana del coche medio bajada le lanza dos besos que Carrie recibe con una sonrisa. Esa chica es un encanto. Llegan a la puerta y Carrie busca sus llaves.
- Espero que quedemos un día todos para salir de fiesta o dar una vuelta- dice Maxxie con esa sonrisa impactante.    
- Claro – dice a la vez que abre la puerta – muchas gracias por traerme.
- Gracias a ti… por todo- dice el chico sin dejar de dibujar una sonrisa en su cara.
Carrie le da dos besos y sin pensárselo dos veces cierra la puerta. Maxxie mira unos segundos. Ha sido una noche completa y dentro de lo que cabe lo ha pasado bien. El ruido del motor del coche hace que se despierte de sus pensamientos y ande rápido al coche en el que Zoe se ha cambiado al asiento del copiloto.
- Espero que no te importe que me siente delante – Dice Zoe un poco apurada.
- Para nada, es más iba a pedírtelo – añade Maxxie.
El coche arranca y empieza a andar. Esta justo pegada detrás de la puerta tal cual cerró. Por fin está sola, y en casa. Agradece muchísimo a sus amigas el hecho de ayudarla con el tema de Sam. Pero está muy agobiada y necesita despejarse. Anda hasta el salón donde busca su cargador. Juraría haberlo dejado aquí… o no. Va a la cocina con la intención de no encontrárselo porque sabe que ahí no lo ha dejado pero va para así asegurarse y quedarse más tranquila. Tampoco está. Recuerda que lo dejo en su cuarto. Rápidamente y con sigilo, sube las escaleras hasta llegar a su cuarto. Cierra la puerta y mira a la mesita donde divisa su cargador. Un suspiro de lo más profundo del corazón de la chica sobresale. Menos mal, ya pensaba que lo había perdido. Inmediatamente lo enchufa y pone a cargar el móvil. El móvil hace un sonido y vibra a la vez que sale una pila con una rayita roja que va subiendo hasta convertirse en una raya larga verde que invade todo el interior de la pila. Deja pulsado un botón para encenderlo mientras se desviste para ponerse le pijama. Escucha un ruido de afuera parece como cuando coges un trozo de celo. No le da importancia en la noche suele a ver mucho ruidos. La segunda vez que lo escucha es más extraño, ya que el sonido era muy parecido al primero y eso ya es muy raro. Va a la ventana mientras termina de ponerse la parte de arriba del pijama. Abre la ventana y mira a su alrededor. No hay nada, ni nadie. Es raro jura a ver escuchado algo. Sera el poco alcohol que le queda en el cuerpo. Cierra la ventana antes de que se acatarre. Y se pone el pantalón del pijama. La noche ha sido larga y se lo ha pasado genial pero lo mejor será descansar.


Aun en la fiesta de Santana, la cual está a punto de terminar, en ese lugar apartado de la ciudad.

Acaba de salir por la puerta hacen mucho frio y todo está mojado, pero por suerte no está lloviendo ya que lleva unos zapatos y un pantalón que acaba de estrenar. Sinceramente no tiene gana de que estén manchados. Lo primero que hace al salir es abrocharse la chaqueta a la misma vez que comprueba que lleva su IPhone 5s. Le tiene un cariño especial a ese teléfono…bueno realmente a todos los productos “Apple”. Lleva la móvil en el bolsillo derecho del pantalón, realmente sabía que lo llevaba ahí pero tenía que comprobarlo. Intenta evitar a todos los chicos borrachos que están por la parte del porche, le da entre miedo y asco. Dylan sale a la acera y empieza a andar dirección a su casa. Conecta los auriculares al iPhone y busca en la música una canción de Cher Lloyd.
- ¡Oye! ¡Esperaa! ¡Esperaaaa! –
Dylan estaba a punto de ponerse el otro casco pero los gritos de alguien le paran. Se da la vuelta y ve a un chico guapo, con un gorro que le queda bastante bien y con unos brazos que tampoco son de una persona muy fuerte pero los tiene marcados.
- ¿Si?...-
- Creo que esta bufanda es tuyo, estaba debajo de mi chaquetón y me han dicho que podría ser tuyo, ¿tú eres Dylan verdad?- Pregunta el chico un tanto confundido.
- Si…-
Dylan ve la bufanda, es la suya. Cuando ha salido ha mirado que tenía su teléfono pero no miro si llevaba la bufanda. Aun así tenía la sensación de que algo se le olvidaba.
- Si, esa bufanda es mía, gracias por traérmela-
- No tienes que darme las gracias. ¿Para dónde vas? Yo voy hacia el centro- dice le chico.
- Yo también, vivo por la parte que está cerca del estadio – Añade Dylan.
- ¿El estadio? Yo también voy para allí, tengo mi piso compartido por allí. Lo siento es que no soy de esta ciudad y ando un poco liado- Dice el chico
- Si quieres vamos juntos yo voy andando-
- Seria genial, gracias…por cierto me llamo Andrew-
- Encantado, me llamo Dylan- dice mientras estrecha la mano con Andrew.
Los chicos empiezan a andar. No saben que contarse ni que decirse así que Dylan saca el móvil para hacer un poco de tiempo. Andrew ve que Dylan ha sacado su móvil y hace lo mismo. Esta mirando de reojo el móvil de Andrew. Si ese chico ya es guapo y tiene unos brazos definidos y perfectos solo le quedaba eso… que tuviera un IPhone 6s.
- ¿Hace cuánto llevas en esta ciudad? – Pregunta Dylan para romper el silencio.
- Desde hace poco, relativamente poco. Nuestra jefa Sue Sylvester vive aquí cerca y los ensayos los trasladaron aquí-
- ¿Sue Sylvester? – dice extrañado.
- Si… ¿La conoces? – Pregunta Andrew.
- ehh… Ahora mismo no me suena, la verdad…- dice intentando disimular su asombro.
Si no ha entendido mal, Sue tiene un grupo de algo, puede ser un grupo de animadores, pero viendo cómo va el chico nuevo que acaba de conocer no tiene pinta de ser animador.
- y… ¿De qué es el grupo? – Pregunta intrigado Dylan.
- Pues somos un grupo de canto A capella, nos llamamos “The Reckless Madness”- dice el chico mientras pronuncia el nombre del grupo a la vez que intenta con las manos plasmarlo en el aire, y sonríe.
Dylan no puede evitar reírse por como ha dicho el nombre del grupo con cierta ironía. Sue tiene un grupo de gente que canta A capella. Esto cada vez es más extraño pero no va a darle vueltas a eso ahora esta con ese chico y se lo está pasando bien.
- ¿No te gusta el nombre? – Pregunta Dylan.
- No es que no me guste, pero….parecemos malos con ese nombre-
- ¿Así que sabes cantar?- dice Dylan que se había hecho esa pregunta en la mente y la ha soltado sin querer.
- Si…bueno, se afinar, dejémoslo ahí – dice el chico bromeando – ¿Y tu?-
- ¿Yo? ¿Qué si yo que? ¿Qué si se cantar?... bueno desde hace poco he empezado no tengo todavía mucha técnica y ….-
(No estamos solos – Andrew & Dylan)

(Dylan se queda cortado, Andrew ha empezado a cantar y bailar al lado de una farola y quiere que cante. Respira hondo y canta un poco mientras coge el ritmo de la canción. Andrew baila por la acera mientras canta. Dylan se suelta y baila un poco mientras canta. Andrew empieza a correr y Dylan le sigue. Legan aun  parque en el que escalan hasta llegar arriba de una casa de madera y luego bajan por un tobogán. Los chicos ríen. Andrew se esconde y  le da un susto a Dylan que da un brinco y persigue a Andrew que sale del parque y sigue por la acera. Dylan canta mucho más suelto, mientras Andrew le anima a que baile con él por la calle Al terminar la canción esta justo en el estadio.)

Paran de correr. Los dos chicos están cansados y se apoyan en sus rodillas para coger aire a la misma vez que ríen como pueden. Hay un momento en el que los dos chicos están cayados reponiendo su aliento para poder hablar.
- Hace tiempo que no me reía tanto – dice Andrew entre suspiro y suspiro.
- Ya ves… - suelta Dylan suspirando al mismo tiempo.
Ya están un poco más calmados y la respiración no esta tan acelerada.
- ¿Te gustaría que quedemos otro día? – pregunta Andrew.
- Sí, claro, porque no-
Andrew saca su teléfono y busca en la agenda la opción de nuevo contacto.
- Dime tu número- Añade Andrew.
Dylan le dice su número que se lo sabe de memoria. Andrew lo punta y le da a guardar.
- Cuando llegue a casa te hablo por el Whats app para que guardes mi numero – dice mientras guarda su móvil.
Andrew se acerca a Dylan y le da dos besos y le sonríe. Dylan mira sus dientes blancos y esa sonrisa que tiene que hipnotiza a cualquiera. Lo ve de espaldas alejarse,  antes de irse se queda mirando un poco al chico, para saber que eso que acaba de pasar no es un sueño.


En algún lugar de la ciudad de Ohio en esa noche fría y según parece ya, menos lluviosa.

Acaba de dejarle Maxxie justo al lado de su casa. Solo le conocía de vista del equipo y parece un buen chico. Zoe ha ido a su casa a recoger a Tina, su perra, es tarde y sabe que mañana no va a poder despertarse temprano como hace siempre para darle su paseo matutino. Aún así, este va a ser bastante ligero. Le está esperando en la puerta a que la abriera para saltar a sus piernas. Zoella coge la correa y cierra la puerta de su casa. Tina baja corriendo las escaleras moviendo la colita de felicidad. Espera en la puerta impaciente que su dueña le abra pero primero la amarra. Al abrir Tina tira de la correa, aunque sea pequeña tiene algo de fuerza.
-Vamos Tina. - Le dice a la pequeña, que anda olisqueando un pis. -¡Tú eres una señorita! Y las señoritas no hacen esas cosas. - Le dice casi en un susurro temiendo que alguien la escuche hablar a altas horas de la madrugada con su perra y la tomen por loca.
De repente, Zoe para en seco al oír un sonido que parecía venir de entre los coches. Se acerca con cuidado, escucha como unos quejidos. Avanza unos pasos más y se encuentra a un chico, probablemente borracho, muy borracho, tirado en el asfalto, justo entre los dos coches aparcados. Sabe que no es buena idea, pero la cara le resulta familiar así que se agacha para ayudarlo a levantarse. Cuando este se gira, Zoe pone cara de sorprendida, es Ryder, uno de los quarterbacks del equipo del instituto. Se había fijado en él muchas veces, pero siempre pensó que estaba coladito por otra chica del instituto, Marley.
-¿Marley? -Dice él.
-¿Qué? - Definitivamente sí que está loco por ella. -Piensa Zoe.
-Soy Zoe, yo también estoy en el McKinley. Aunque dudo que sepas de mi existencia. -Esto último lo dijo más para ella misma que para él.
El chico se agarra a sus hombros en un vano intento de levantarse. Zoe, consigue reunir la suficiente fuerza como para dejarlo caer en el capó de uno de los coches.
-¿Dónde vives, Ryder? Te acompañaré a casa.
-No, no es necesario... Tengo... Tengo aquí mi coche.
-¿Pero qué...? ¿Piensas ir en coche a tu casa con la que tienes encima? ¿Es que estás loco o simplemente eres tonto?
-Estoy bien.
-Te acabo de encontrar tirado en el suelo.
-Me he caído y me he golpeado el brazo, pero estoy bien, te lo prometo. -Le intenta convencer él con esa forma de hablar tan típica de los borrachos.
-Ya...
Zoe intenta no reírse mientras lo observa buscarse las llaves del coche por los bolsillos del pantalón. Habría metido la mano unas cuatro veces en el bolsillo correcto sin notarlas.
Se acerca a él y las coge.
-¿Buscas esto?
Ryder entrecierra los ojos mirando las llaves y hace ademán de cogerlas pero ella las levanta esquivando su mano.
-Ni hablar. Dime dónde vives, yo te llevo.
-Yo puedo ir perfectamente.
-No te lo crees ni tú.
Ryder empieza a andar hasta la puerta para demostrarle que puede hacerlo sin problemas, pero el cuerpo le falla y ella lo sostiene para que no caiga al suelo... Otra vez. Él se ríe y ella se cansa de la situación. Coge a la pequeña Tina en brazos y la mete en el asiento de atrás.
Luego se gira hacia él, que continúa riéndose sin saber por qué y lo arrastra hacia el asiento del copiloto, lo coloca como puede y le abrocha el cinturón. Mientras ella se dirige a la otra puerta pasando por delante del coche, Ryder se pone a tocar el claxon y la señala con el dedo riéndose. Ella lo mira desde fuera y pone los ojos en blanco. Jamás pensó verse en esa situación con ese chico.


En otro lugar de la ciudad, más concretamente en un bar feo y cutre de los que no cierran hasta las 6 de la mañana...

Esta sentado solo, se ha tomado dos cervezas sin alcohol, ahora tiene que conducir hasta casa. Tiene el móvil encima del a mesa, de vez en cuando mira la hora esperando una respuesta de alguien. ¿Por qué no contesta ya? Sabe que no debe dejarla ir a las fiestas porque él no puede vigilarla, no quiere que le pase nada. Charlie le da un buche a la cerveza y un bigote de espuma se que queda en el labio superior. Con la lengua logra quitárselo.
- La voy a llamar – Piensa.
Coge el móvil y lo desbloquea, y busca el contacto de Claire, pero no la llama.
- Voy a esperar un poco más…, Charlie se paciente – sigue pensando.
Deja el móvil sin desbloquear en la mesa y le aparece el contacto de Alexia. No se acordaba que tenía guardado su número desde la excursión. Rápidamente vuelve a coger le móvil y busca en Whats app los contactos que empiezan por “A”. Ahí esta tiene una foto de perfil que sale preciosa, sentada en un poyete con un atardecer de fondo. No puede remediar pensar que esa chica le vuelve loco y que en otra situación hueva sido todo más fácil y diferente. Hay muchos obstáculos ahora mismo y si tuvieran algo juntos, no solo habría millones de problemas y obstáculos más sino que podrían echarle del trabajo o incluso perder la licencia de profesor. Mira la foto una vez más, le encantaría estar ahí sentado junto a ella, dándole un abrazo y un beso en esos labios tan preciosos y perfectos que tiene. La pantalla del móvil se apaga y vuelve al mundo real. Le da otro sorbo a la cerveza esta vez más largo, el bigote de espuma esta vez está más arriba y no lega con la lengua así que se ayuda con una servilleta. Está claro que tiene que alejarse de ella por su bien…y por el suyo. Coge su móvil y se lo guarda y de su bolsillo unas monedas y haciéndole un gesto al camarero, que lleva charlando desde que entro con otros dos hombres desde que entro, para que sepa que la dejado el dinero en la mesa. Se abrocha la chaqueta y sale a la calle. Hace frio, aunque por suerte ha escampado. Ya no cree que le quede mucho a Claire para que le llame y mientras tanto anda hasta le coche. Podría decir que tiene los sentimientos ahora mismo a flor de piel por culpa de las cervezas pero no es así porque eran sin alcohol, así que es seguramente por pensar en Alexia.
(Aléjate de mí – Charlie & Sam)

(Charlie canta solitario por esas calles de las afueras de la ciudad. Recuerda esos pocos momentos en los estuvo con Alexia. Por otro lado Sam anda por otra calle hacia su casa y pensando en Carrie. Los recuerdos de ellos dos le vienen a la cabeza. No paran de andar por esas calles frías cantando. Sam llega a su casa y justo en el final de la canción cierra la puerta)

Al terminar de cantar ha llegado a su coche. No le da tiempo de encontrar las llaves cuando un mensaje le llega al teléfono.
“Ya he terminado, ven a recogerme. Gracias por esperarme <3”


Mientras tanto en otro lugar de la ciudad…

Zoe está desesperada, Ryder se ha quedado dormido en el asiento y no tiene ni la más remota idea de dónde vive para poder llevarlo a su casa. Le ha gritado, ha tocado el claxon y le ha pegado fuerte en el brazo para que se despertara, pero ha sido inútil. Para en un semáforo y le busca la cartera... No tiene suerte, no lleva absolutamente nada encima. Por lo que sin más remedio, tiene que llevarlo a su propia casa. Sabe que sus padres podrían matarla perfectamente, pero no puede hacer otra cosa... Y no lo va a dejar en la calle, es peligroso.
Abre la puerta trasera y Tina sale corriendo hacia el porche esperando para entrar. Ryder parece haberse espabilado un poco y Zoe "se lo cuelga" pasando un brazo por sus hombros y lo medio arrastra hacia la puerta mientras él va confesándole su amor, creyendo otra vez que está con Marley.
-Te quiero. -Balbucea él tocándole el pelo. -Eres preciosa, Marley.
-¡Te quieres callar! Vas a despertar a mis padres. -Le dice ella en voz baja.
Consigue llevarlo hasta la habitación de su hermano, que por suerte, esta vez está en Seattle, en un importante partido de hockey. Lo tira sobre la cama y él se agarra a ella haciendo que caiga encima de él.
-Guuappa.- Le dice arrastrando cada letra.
-¡Por el amor de Dios suéltame ya! -Dice consiguiendo escapar de aquel pulpo borracho y ponerse bien la ropa.
Le quita los zapatos y le echa por encima una colcha que encuentra en la silla de escritorio. No es que sea pequeña, es que él es demasiado alto.

Ryder se ha quedado frito y Zoe lo observa dormir. -La verdad es que es bastante mono.- Piensa. Sacude la cabeza y se va a su dormitorio. ¡Qué noche tan larga!

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